De los comerciantes, clientes y mendigos

  Por: Anyelo Mercedes
    22 marzo 2010

     Eran las diez de la noche, estaba cargado de sueño, hambre y extremo cansancio, había tenido un día muy agitado y me proponía llegar cuanto antes a mi casa. Me pare en la Ave. Máx. Gómez y tome un carro del transporte público pocos segundos después me entere que era victima de un atraco, eran tres hombres y una mujer. Uno de ellos un hombre de unos treinta años, cara ancha y buches engordados al cual los otros le decían comando buscaba en mis bolsillos bruscamente.


       Todo fue muy rápido, me quito mi celular trescientos pesos y mis dos zapatos, al siguiente acto me recordó mi madre y me pregunto que porque andaba sin nada, un extraño dolor empezó a apoderarse de mi cabeza y me obligo a cerrar los ojos, creí que era el fin.


       Al despertar empecé a evaluar si estaba en la gloria o el infierno, pero luego me percate de que aun me dolía mucho la cabeza –no deben los espíritus tener ese tipo de dolor- pensé yo. Mi situación era critica no tenia dinero, ni celular, estaba descalzo, no se pedir y no conocía para nada aquel lugar, era muy parecido a la Ave. Duarte repleto de tiendas y transeúntes, empecé a caminar pensando que tal vez las cosas mejorarían.



       Pude ver como una tienda publicitaba tener los precios mas bajos su homologa de al lado, decía poseer mejor calidad, al frente otra explicaba poseer ambas cosas además de que sus productos eran importados y fabricados en cierto país donde las normas de calidad son muy altas. Los clientes o si los clientes, se sentían muy a gusto ya que tenían decenas de lugares para hacer sus compras y poder sacar el mejor de los beneficios para si mismos, además dos cuadras mas abajo había un banco que ofrecía prestamos a una tasa de interés casi insignificante, el de la otra calle sin embargo afirmaba que los ahorros en el depositados generarían los mejores intereses además de que estarían en buenas manos.


       Eran estos clientes muy parecidos a los seres humanos pero su forma de andar por las calles, su manera de hablar, sus rabos y por sobre todo sus garras y afilados dientes que tan desastrosamente utilizaban con el fin de humillarse, tomar el control y hasta comerse unos a otros, daban la impresión de no pertenecer a dicha especie. Algunos de ellos siempre compraban en la misma tienda, otros luego de años de fidelidad a unos de aquellos comercios expresaban no sentirse valorados por los dueños y entonces abandonaban y se iban a comprar a otro lugar. Unos pocos de este grupo volvían cual hijo prodigo a su tienda de origen convencidos de que su cambio había sido un error.



       Había en este lugar un aire muy cargado, los comercios se disputaban entre si luchaban por el control el liderazgo la supremacía y todo con le fin único y exclusivo de conseguir la mejor de las ganancias. Algunos de ellos concientes de no poder competir y estando a punto de quebrar, se unían a los más fuertes, vendían sus productos juntos y luego compartían las ganancias.



       Un grupo muy abundante en este extraño lugar se debatía entre la vida y la muerte, eran mendigos, gente sin casa propia, sin alimento, ni educación, padecían algunos de ellos de males incurables, que lentamente carcomían sus vidas y no tenían dinero para comprar ni las medicinas mas baratas. Sufrían, lloraban, suplicaban, pedían, pero nadie los escuchaba, nadie defendía ni atendía sus intereses, son estafadores –decían comerciantes y clientes- viven de mendigar. Así que crearon la “cooperativa” que se encargaría de quitarle lo poco que esta pobre gente podía conseguir. Más de ochocientos millones de pesos fueron quitados de sus manos brutalmente y entregados a los comerciantes que a su vez los compartieron con sus clientes. Actitud injusta, desleal, inmoral, propia de ladrones, asesinos y malhechores pero que los mendigos debían de soportar por haberla convertido comerciantes y clientes en “LEY”.



       Me queje ante Dios le grite a los cuatro vientos que era injusto a los elementos convoque para hacerlos entrar en razón a los mendigos les dije que debían de actuar rápidamente en contra de tan mala gente, mas grande fue la sorpresa que me lleve cuanto cientos de estos vagabundos no hicieron mas que burlarse de mi y decir que estaba loco.

       Debo admitir que temí que fuera cierto aun me dolía mucho la cabeza y podría el golpe tal vez haber causado en mi cerebro males irreparables. Pero no, era LOCO solo porque pensaba diferente, me entere de lo que realmente estaba pasando, por encima de todas las vallas publicitarias se levantaba una que sobresalía por encima de todas las demás decía:



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TEMPORADA DE CAMPAÑA POLÍTICA EN REPUBLICA DOMINICANA